April 21, 2020

Cabeza, manos y corazón

Juan Giner- Director Ejecutivo en ARCAP

Durante 17 años trabajé en el mundo corporativo hasta que un día un ex jefe me invitó a sumarme a una startup. Fue una decisión muy difícil. Me sumé con mucha incertidumbre. Tenía 3 hijos y una familia donde mi ingreso sería el único, ya que significaba mudarnos a 1.100 km. y mi esposa debería renunciar a su trabajo.

Me vinculé a inversores, fundadores y nuevos conceptos hasta ese momento desconocidos. Supe de rondas seed y hasta lo que significó una Serie A. Entendí que a la incertidumbre del país se sumaba la de ser parte de una startup. Viví la euforia de cerrar una Serie A de USD 3 millones a transitar la difícil decisión de cerrar el proyecto, despidiendo 40 personas. De hacer malabares con socios fundadores que no pensaban lo mismo para continuar/cerrar, con 35 accionistas, un Fondo en EEUU y las múltiples contingencias que significa cerrar un proyecto. Supe lo que es que te despidan sin cobrar varios meses de sueldo ni indemnización. Me invitaron a continuar en un nuevo proyecto que tampoco funcionó. Supe de trabajar sin cobrar el sueldo durante 5 meses. Fueron los momentos más difíciles en mi vida laboral, pero los que me dejaron fuertes enseñanzas.

En total fueron 4 años difíciles. Acompañé a emprendedores seriales. De los que caen pero vuelven a emprender. De los que lo intentan una y otra vez. Aprendí a respetarlos y valorarlos.

Quería quedarme en esa industria, la industria del Venture Capital. Pero yo no tengo esa fuerza emprendedora, no todos nacimos para ser emprendedores. Y buscando desde qué lugar sumarme, ARCAP se cruzó en mi vida.

Luego de 4 años de transitar la industria como CFO de proyectos que lamentablemente no funcionaron, llevo 2 años como Director Ejecutivo de ARCAP. En total 6 años en este ecosistema, en diferentes roles, donde la industria en Argentina cambió muchísimo. Y conocí personas extraordinarias. Personas con real vocación de invertir en aquellos emprendedores que quieren hacer las cosas diferentes, que dan feedback sincero, que quieren que la torta se agrande, el ecosistema se expanda y no sea un club de unos pocos. Personas que quieren compartir buenas prácticas, que les interesa que otros no cometan los mismos errores, que más empresas innoven, que más inversores se sumen y apuesten invirtiendo en emprendedores.

El ecosistema inversor argentino es joven, pujante, cada día más federal (pero donde tenemos que trabajar mucho), con intenciones de ser más diversos y deseos de sentar bases sólidas para las fluctuaciones que pueden impactar en él. Sin dudas, lo que estamos viviendo hoy frente al COVID-19 pondrá a prueba, una vez más, su fortaleza y profundidad.

ARCAP, la Asociación Argentina de Capital Privado, Emprendedor y Semilla, reúne incubadoras, company builders, aceleradoras, fondos semilla, fondos corporativos y fondos de Venture Capital. Cada uno invierte en una etapa distinta, con su estrategia. Uno no es mejor que el otro. Son más grandes, son más chicos, con más o menos capital administrado, pero todos y cada uno de ellos son vitales para el eventual éxito de un proyecto. No hay unicornio sin el apoyo inicial de un gestor de capital semilla. No hay salida a la bolsa si un proyecto respaldado por Venture Capital no tuvo una ronda que le permitió el crecimiento necesario.

En Argentina pasamos de 25 a 50 gestores de fondos de VC en 4 años, de USD 37 millones a USD 403 millones de inversiones en el mismo período. Latinoamérica pasó de USD 500 millones en 2016, a USD 2.000 millones en 2018. No hay dudas del crecimiento del ecosistema inversor latinoamericano y argentino y el impacto en nuestro país . Y a tan solo 2 semanas de presentar números extraordinarios al cierre del 2019, en cantidad de transacciones, cantidad de gestores y monto de inversiones, el mundo sufre una crisis sin precedentes donde ya nada será igual.

El mundo cambiará, el sector cambiará, los emprendedores cambiarán el foco y hasta eventualmente la industria pensada al momento de emprender, el flujo de dinero se restringirá en el mundo y en particular en nuestra región. Y es difícil imaginar como será lo que viene porque no tenemos una referencia siquiera similar en el último siglo. A la pandemia le seguirá una profunda crisis económica.

Pero si bien no conocemos algo tan desolador si miramos las últimas décadas, quizás podamos mirar hacia adelante con alguna esperanza.

Otto Scharmer, profesor del MIT, plantea que los emprendedores al crear proyectos desde las aulas de la universidad, unen el conocimiento (su cabeza) llevándolo a las calles, a través de sus manos.  El cree, hace varios años, que el próximo paso evolutivo de este poder es unir la cabeza y las manos con la inteligencia del corazón.  Inclusive afirma que la mayoría de los jóvenes que conoce en todas las culturas, en realidad aspiran a hacer lo mismo, usar su emprendimiento y su creatividad de una manera que está conectada a su pasión y hacer del mundo un lugar mejor. Entonces, el futuro nos encontrará con emprendedores que unirán el poder del emprendimiento con pasión y con compasión, que es la inteligencia del corazón. Y creo que a la luz de lo que vivimos hoy, varios concordaremos con lo que Otto Scharmer afirma hace tiempo.

Hace unos días, Matías Peire, Founder de GRIDX y una delas personas que más respeto en el mundo inversor y a quien culpo de inocularme las ganas de leer sobre Otto Scharmer, escribió un excelente artículo sobre “La oportunidad de cambiar la oferta: Invertir en resolver los grandes problemas de la humanidad puede ser el mejor negocio del futuro.”

Matias propone que “Nos vamos a ver conmovidos, emocionados, movilizados y tal vez transformados de forma individual en este nuevo escenario, pero cuando todo pase, corremos el riesgo de olvidarnos y volver a acomodarnos para consumir y vivir nuestra vida como nos resulte más cómodo. 

Este cambio profundo de la humanidad va a llegar, ya estamos en ese camino. Mientras tanto ,necesitamos transformar la oferta porque transformarnos desde la demanda nos va a llevar mucho más tiempo. Hay infinitas oportunidades. Es hora de incomodarnos y cambiar el enfoque.

Coincido plenamente con Matías. Es momento de unir cabeza, manos y corazón. Al principio quizás sea incómodo, pero el nuevo enfoque seguramente será más sustentable, diverso, equilibrado y rentable, para TODOS, inclusive para la naturaleza. Los emprendedores, inversores y quienes acompañamos la industria, tenemos nuestra parte de responsabilidad para lograrlo.

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